En castellano, son muy numerosas las construcciones léxicas orientadas a crear formalismos estándar de presentación, saludo o despedida. Por ejemplo, comencemos analizando cómo se presentaría cualquier usuario del castellano más perfecto en según qué situación, y como lo hace un andaluz:
Al teléfono.
Por ejemplo, al efectuar una llamada telefónica para preguntar por alguien, un castellano diría: “Buenas tardes, ¿es casa de Antonio? ¿puede ponerse al teléfono?” sin embargo, si traducimos al andaluz, bastaría con un : “¿Hola?...¿tar canío?” y rápidamente y sin ningún tipo de problemas, el interlocutor nos pasará con el tal Antonio.
Después están los saludos y presentaciones directas, en persona. Si dos personas vuelven a verse pasado un tiempo, para saludar, un andaluz no se entretiene en el correcto y académico “hola ¿qué tal? ¿Cómo andas? Cuánto tiempo sin verte !!” sino que le da un giro mucho mas familiar y directo con una construcción léxica del tipo: “Hombre Gorje !!! (que es como se dice en andaluz Jorge), andetemete ?”
Para proseguir la conversación, a diferencia de cualquier otra lengua o dialecto, el andaluz suele contestar clara y directamente, aportando los datos precisos, sin adornar demasiado la frase ni dando detalles gratuitos : “poná, porahí…¿y tú cojone, que tampoco se te ver pelo?” (obsérvese lo gratuito del final de la frase, ya que si el primero dice no haber coincidido con su interlocutor, la situación vicevérsica se sobreentiende). La conversación en sí puede tratar de los temas mas diversos, pero nos centraremos en analizar las despedidas. Para ir encauzando y preparando la despedida, suele aparecer de nuevo el famoso “poná”, vocablo muy usado y recurrido por la lengua andaluza. Un “poná” sirve para ser usado en cualquier momento y en cualquier contexto. ¿Qué tienes que dar un pésame a un amigo? Pues dices “Poná tío, que lo siento mucho, que lo que tagafarta….” ¿Qué tienes que felicitar un cumpleaños? Pues puedes decir perfectamente “Poná hombre, unaño mas viejo !!” ¿Qué alguien te pregunta que porqué has llegado tarde? Pues nada : “poná, que me he quedao dormío” y así aparece el socorrido “poná” en multitud de ocasiones.
Pero volviendo a lo que son las despedidas, el andaluz también huye de las construcciones rimbombantes y sofisticadas de “Pues nada, que me alegro mucho de verte y que a ver si no te vendes tan caro” y esas cosas, la familiaridad y cercanía del andaluz lo zanja con un simple “ea, po nos vemo ¿no?”, rubricando la construcción léxica con un sonoro “taluego”, ya en proceso de alejamiento.
También están las presentaciones o saludos a interlocutores desconocidos o con quien se tiene menos confianza, donde el andaluz, aunque también ajeno a construcciones complicadas, sigue aplicando ambiente coloquial a las mismas. Por ejemplo, al entrar en cualquier establecimiento como puede ser una farmacia o una ferretería, el andaluz siempre iniciará su conversación con un escueto “güena, tienusté esto o lo otro jefe?” lo de “jefe” es usado siempre como coletilla afectiva, no como reconocimiento de una jefatura o autoridad reconocida. Caso diferente es si el establecimiento es un bar.
Cuando un andaluz entra en un bar, es como si entrara en un hábitat especial donde se desenvuelve de especial manera. Al entrar en un bar siempre se ha de tratar al camarero o barman como si se conociera de toda la vida, y usaremos expresiones como “¿Qué hay hombre? pongamusté un tersio de mau y unas arvellanita (o shoshos)”. En un bar los conceptos adoptan significados muy concretos. “Cubatita” sirve para cualquier tipo de bebida alcohólica. Cuando un andaluz dice “vamo a tomanno un cubatita” no se refiere forzosamente a ginebra con refresco de cola, sino que puede estar refiriéndose a cualquier cosa. En un bar, un andaluz puede perfectamente dirigirse al camarero con un “llenaquí, arfavó” para solicitar una nueva ronda de consumiciones y el camarero le entenderá perfectamente.
En lo referente a renombrar marcas de consumo, pasa lo mismo con artículos como el yogurt, que el andaluz renombra a todas las marcas del mercado con un simple “danone” dándose a veces la circunstancia de haber escuchado mas de una vez : “me pone usté dos danone yoplai de fresa?”
En fin, que la conclusión de la “lecsión güan” es que lo bonito del andaluz es la cercanía y el cariño con el que se habla, ajeno de adornos políticamente correctos y de frases sin fundamento. El andaluz habla en la calle como habla en su casa, y es esa cercanía lo que hace que diluya a veces las formas.
Vocabulario usado :
“canío” : dícese de “alias” o mote de todo aquel que conocemos de pequeño y que por cualquier causa, ya alguien le llamaba así cuando le conocimos. Pueden pasar los años y “er canío” pesar mas de 90 kilos, que seguirá siendo “er canío”
“Gorje” : Jorge.
“Andetemete” : Puede tener varias traducciones : por donde andas, qué es de tu vida, como es posible que no nos veamos, etc.
“Poná” : se puede confundir con la construcción “pues nada”, pero en realidad es un comodín lingüístico muy recurrido, con significados diversos.
“Lo que tagafarta” : construcción que quiere decir que se puede contar con el que la usa, para cualquier situación que lo precise.
“Unaño” : trescientos sesenta y cinco días.
“Quedao dormío” : tieso, sobado, frito, pensando “padentro”.
“Nos vemo” : Adiós.
“Taluego” : también adiós, pero como con cierto deseo de volver a verse.
“Tienusté” : vocablo interrogativo sobre la tenencia de alguna cosa.
“Pongamusté” :haga usted el favor de servirme…
“Tersio de mau” : jugo de malta embotellado en envase de cristal de 33cl
“Arvellanita” : cacahuetes
“Shoshos” : altramuces
“Tomanno” : bebernos
“Llenaquí” : vuelva usted a servir lo mismo.
“Arfavó : haga usted el favor.
“Danone” : yogurt de cualquier marca o sabor

