Sunday, December 31, 2006

Una frase hecha

Nuestra querida lengua española, el rico y variado léxico castellano, está repleto de construcciones y frases hechas de común uso y que ayudan a expresar lo que queremos decir de la forma más gráfica y sencilla posible. Son cuñas del lenguaje en las que solemos basar algún sentimiento con la intención de realzarlo y hacerlo convincente, pero que en su significado literal, pierden toda su coherencia. Expresiones como “te doy mi corazón”, “perder la cabeza”, “moriría por verte” y otras muchas, no podemos interpretarlas en su frío sentido literal. Nadie puede deshacerse físicamente de su corazón para dárselo a nadie, las cabezas no se pierden así como así y si uno se muere, lógicamente ya no lo va a tener nada fácil para ver a nadie. Pues buscando entre esa clase de frases hechas, esas frases que tan habitualmente usamos basándonos mas en su significado figurado que en el literal, me he parado a pensar en algunas muy concretas y particulares. “Morir por unos colores”, “dar la vida por tu equipo”, “dejarse el alma por un escudo”… seguro que hay más, pero creo que ya sabemos todos a que frases me refiero.

Hace unos días, en un fatídico y maldito día que todos llevaremos de por vida grabado a fuego en el lugar más recóndito de nuestras entrañas, el implacable destino quiso sin piedad alguna darle literalidad a todas esas frases. Quiso enseñarnos su significado de la manera más sangrienta, brutal y trágica, dándole vigencia en un contexto. La familia Redondo, nuestra familia porque estamos emparentados por un mismo sentimiento, sufrió injustamente los siniestros avatares de un destino que se cebó de manera exagerada. Un destino que ellos marcaban paralelo a un sentimiento, al igual que hacemos otros muchos de nosotros al seguir a nuestro equipo. La familia Redondo por azares del destino, se ha convertido en el significado literal y gráfico de todas esas frases hechas, precisamente por eso, porque literalmente murieron por su equipo, porque por seguir unos colores se dejaron la vida de la forma mas real, sin sentidos figurados, sin metáforas, sin construcciones léxicas, textualmente, ….al pié de la letra de la puta frase hecha.

Y eso que de haber llegado a puerto, nuestro equipo les hubiera reportado la mejor de sus dulces actuaciones. El Decano, nuestro equipo, ese que consigue sus victorias con mayor esfuerzo que ninguno, el que siempre camina cuesta arriba y que escribe su historia a base de no poco sufrimiento, no podía ser menos a la hora de escribir la crónica de una noche tan gloriosa. Con una indescriptible amargura, tuvimos que teñir de negro las bufandas y marcar con crespones las banderas, como buscando compensar en cierta forma a aquellas otras que con sangre de los nuestros se quedaron a la altura de Chucena y sin consuelo suficiente, presenciamos el mejor de nuestros sueños con amarga sensación de pesadilla. Porque El Decano cumplió, pero no pudo impedir con su grandeza que una gesta tan histórica, decidiera elegir a la tragedia como injusta e inoportuna compañera.

De esta forma tan descriptiva nos ha tocado comprobar a los del Recre que a veces una frase hecha, más hubiera valido que se quedara a medio hacer. Así que he decidido condenar las frases hechas y pedir con todas mis fuerzas que se queden prisioneras de por vida en su metafórico sentido figurado, y que jamás de los jamases nos vuelvan a desvelar de esta manera, la crudeza de su frío significado.

Familia Redondo, os recordaremos siempre.

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