Thursday, May 10, 2007

Corazones entre los escombros

Como la ola que arrasa el castillo de arena que con tanto interés levantó un niño un domingo de playa en el cruce, la enérgica y despiadada maquinaria venida del norte destroza y diluye cada escalón del viejo Colombino. Al viejo estadio le llegó la hora de su particular subida de marea, la pleamar de la historia avanza por encima de todo, sin reparo alguno, y se lo lleva por delante como al castillo de arena. Y como el niño de la playa, nosotros miramos embobados como se va quedando en nada aquello con lo que nos sentíamos tan orgullosos, aquello que creíamos nuestro como si, al igual que ese niño, lo hubiéramos levantado nosotros mismos con nuestras propias manos.

Cada rincón, cada asiento, cada escalón tiene su historia. Cada esquina albergó en su día a alguno de nosotros, cada piedra guarda un recuerdo, un cántico, un ole, alguna lágrima. Los recuerdos, los cánticos, los oles y las lágrimas de las gentes del Recre, de la gente de Huelva.

Miles de recuerdos se desploman y se acumulan a pie de campo en forma de montaña de escombros. La nube de polvo que levanta, no es sino el tronar silencioso de las miles de gargantas que escondieron su eco entre las piedras, que marcaron cada ladrillo, cada viga, y le dieron significado en su día a tanto cemento y ahora se difuminan por el aire invadiendo de recuerdos la Isla Chica. ¡¡ Cuántos recuerdos !!... cuántos domingos de partido haciendo cola en la plaza del estadio, en la plaza Houston, en el fondo numerado.... Hoy, cada golpe de la góndola es un seco puñetazo que todos recibimos en lo mas profundo de nuestras almas, es un pellizco retorcido en nuestros corazones, un mordisco malintencionado en nuestros sentimientos.

Con cada piedra que cae, un trocito de nosotros cae con ella, un trocito de nuestra historia y de nuestra vida. Una vida de domingos de fútbol de la mano de un padre o de un abuelo, de camiseta antigua, de zapatilla de tacos, domingos de Luzardos y de Azulgarays, de Bar Balón y California, de paquete de pipas del hombre del canasto, de victorias, de derrotas, del tío de la bandera, de rifas por las gradas, de antiguos coches dando la vuelta al campo, de lluvia, de sol, de verano interminable jugando a su alrededor. Tardes de gentío, de esperar al equipo en aquella vieja puerta de vestuarios, domingos de cine Fantasio y cine Odiel, de cigarrillo en el muro, de bocata en el "Papis", de atasco en El Polvorín para doblar a Pio XII.

Tardes que poco a poco han formado parte de nuestras vidas alrededor de un estadio, el viejo estadio del Recre que siempre llevaremos en nuestra memoria, en nuestro recuerdo, donde ninguna retroexcavadora podrá derribarlo. Hasta siempre, viejo estadio Colombino. No se que saldrá de tus entrañas, que modernos edificios, lujosos aparcamientos o zonas verdes nacerán de tus cenizas, pero pongan lo que pongan, siempre será para nosotros el lugar donde sentimos por primera vez el orgullo de ser Recreativistas.

Pero así es la vida, no es mas que un paso adelante, aunque nos duela el alma al mirar atrás y ver la montaña sin forma que deja el derrumbe. Un paso adelante que no obstante, deja miles de corazones entre los escombros.



Viva El Recre, carajo !!!

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